CAMI DE CAVALLS: EL DÍA QUE MENORCA SE QUEDO EN SILENCIO

Menorca no hizo el cami de cavalls para pasear. Hizo 185 km de alarma para no ser invadida. El viaje de unas amigas en camper buscando calas, aprendiendo a escuchar el viento, los faros y los silencios que nos faltan.

Índice

  1. EL DÍA QUE SE ROMPIO EL SILENCIO
  2. DE TORRE A TORRE A CABALLO
  3. CUANDO EL SILENCIO SE PERDIÓ
  4. CUANDO LOS FAROS APRENDIERON A HABLAR
  5. ¿DE QUE SE LLENAN MIS SILENCIOS?

1. EL DÍA QUE SE ROMPIO EL SILENCIO

Cierra los ojos e imagínalo.

1 de septiembre de 1535. Maó duerme. El puerto, negro. De repente, velas. 24 galeras y 6 fustas entrando sin luz, sin gritar. Los del muelle corren a recibirlas. Creen que son las de Carlos V que vuelven de Túnez.

Y ellos gritan: ¡España, España!

No son cristianos. Son los hombres de Barbarroja. 2.500 turcos desembarcando en silencio. Y de pronto, el silencio se rompe.

Primero el hierro de las murallas. Luego los golpes en las puertas. Luego los gritos. El saqueo no tiene un solo ruido, tiene mil. El de la madera astillándose, el de los cofres arrastrados por las calles, el de los niños escondidos debajo de las mesas. La columna de socorro que viene desde Ciutadella con 300 hombres es aniquilada a mitad de camino. Mueren el gobernador y 100 caballeros.

Y después del ruido voraz, viene lo peor: el eco del ruido que se va apagando, languideciendo: el sollozo de los que se llevan, el llanto seco de los que se quedan, en una ciudad quemada, sin saber si llorar a los muertos o a los vivos que ya no volverán.

Barbarroja se lleva esa noche entre 800 y 3.000 prisioneros encadenados, la mayoría jóvenes, hacia Argel. De los que nunca más se supo.

Ese día Menorca entendió algo: la única forma de que no entren es no dejarles llegar. Y para eso tuvo que llevar la defensa hasta la misma orilla.

2. DE TORRE A TORRE A CABALLO

Ahí nace el Camí de Cavalls.

No como camino de senderistas. Como un sistema de alarma.

En 1330 el rey Jaume II ya había ordenado que los terratenientes tuvieran un caballo armado para la defensa. Pero después de Barbarroja, después de ver que te podían entrar por cualquier cala, ese viejo deber se convierte en sistema.

Todo el perímetro de Menorca se cose con torres y atalayas. 185 kilómetros de costa en 20 etapas de viaje. De torre a torre. Y entre torre y torre, un caballo.

El juego era este: silencio total. Había que mantener silencio para no delatarse a los piratas que acechaban a milla y media de la costa. Un pueblo entero en silencio, un silencio que observa.

Hasta que una atalaya veía una vela enemiga.

Entonces el silencio no se rompía, cambiaba de lenguaje. De día, en forma de columna de humo. De noche, en forma de fuego. El humo de día y el fuego de noche era el WhatsApp del siglo XVI. La isla entera se enteraba en minutos sin decir una sola palabra. El primer sonido que rompía el silencio era el galopar. Los cascos de los caballos sobre la piedra seca, rebotando de cala en cala. Un caballo armado corriendo desde Maó hasta Ciutadella avisando a los vecinos. Después, el crepitar del fuego en lo alto de la torre. El relincho. El latido

3. CUANDO EL SILENCIO SE PERDIÓ

Ruido, silencio, ruido. Así vivió Menorca durante 400 años. Un ruido avisaba del peligro.

Cuando acabó la piratería, el camino dejó de tener sentido. Dejó de ser necesario y por eso dejó de existir. Se cerró con fincas, lo tapó la maleza y se perdió.

Y de nuevo, el característico silencio de la isla se rompió en 1996, cuando la gente salió a reclamar la reapertura del Camí y que se alargó hasta el 2000, en que se aprobó la Llei del Camí de Cavalls, y hasta 2010, cuando se reabrió como GR 223.

Hoy su km 0 sigue estando donde empezó todo: en la Colàrsega del puerto de Maó.

4. CUANDO LOS FAROS APRENDIERON A HABLAR

Empecé el camino saliendo de Maó por el sur, por Binibèquer, por Son Bou, por Santo Tomás, cerrando todo el círculo hasta volver.

Y lo que más me ha chocado en su conjunto es el silencio de esta isla.

Donde antes había humo y fuego, ahora hay faros. Cambia el lenguaje, porque cambian las necesidades. Si antes las atalayas anunciaban piratas, ahora los faros ayudan a no naufragar.

Siete faros construidos a mediados del siglo XIX para esta costa traicionera. Cavalleria al norte, Favàritx al este, Artrutx y Punta Nati al oeste. Cada uno con una luz distinta, con una personalidad distinta. Uno hace dos destellos cada 9 segundos, otro una luz fija con ocultación, otro un destello largo. No es casualidad. Es su idioma.

Antes el humo avisaba de piratas. Ahora la luz avisa de acantilados. Pero es la misma idea: una comunicación sin palabras que rompe el silencio justo lo necesario siempre para salvarte.

De noche, en el sur, entre Son Saura y Cap d’Artrutx, no se oye nada. Absolutamente nada. Ni un coche. Ni una casa. Solo tu respiración y el viento. Ahí aprendes a escuchar de verdad, a distinguir la ráfaga que te obliga a mover la camper porque si no sale volando, como nos pasó a nosotras. Y de pronto, a lo lejos, el barrido blanco del faro de Artrutx. Un segundo de luz. Y vuelve el silencio

Algunos caminantes de fuera venimos a buscar el sentido a ese profundo silencio que nosotros, por momentos, hemos perdido en casa.

El silencio de Menorca no es una ausencia total de ruido. Es que Menorca aprendió hace 500 años que el silencio es la mejor forma de protegerse. Silencio para no ser vista por los piratas. Silencio para no ser pisada. Silencio para que solo se oiga lo importante: los cascos de un caballo, el crepitar de un fuego, el sollozo de los que se fueron, y hoy, la luz de un faro que te dice que sigas.

5. ¿DE QUE SE LLENAN MIS SILENCIOS?

Yo empecé este camino como lo empezamos todos: buscando calas turquesas, haciendo senderismo, compartiendo camino con mis amigas, durmiendo en la camper donde nos dejaba el viento.
He vuelto sin souvenir de playa. He vuelto con una pregunta que no me deja: ¿De qué se llenan mis silencios?

Un comentario

  1. Maravilloso relato!! Me encantó!!
    Haber compartido esta experiencia, y con la sal aún en la piel, leer esto emociona.
    Con qué lleno mis silencios? Con pensamientos, con agradecimiento profundo por esa experiencia, por cada paso, por cada desafío, por cada km, por cada color…
    Y sí, ver Menorca desde el Camí de Cavalls y su historia, me hace saber con certeza qué tipo de viajes quiero hacer, esos sin «souvenirs» comprados, esos con una maleta cargada de fotos que representan momentos y sensaciones, con risas de agotamiento, con desafíos superados…
    ¡Gracias!

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