Las guardianas del mar: Las Haenyeo

Bajan a 20 metros sin botella, con una boya naranja atada a la cintura y un silbido al salir que es puro volver a la vida. campesinas del mar que llevan 400 años bajando a pulmón para sostener una isla entera.

Índice

  1. Matriarcado
  2. El Bulteok, los cantos y la jefa
  3. Tewak, Sumbusori y Neoprenos
  4. El Mar las esculpió

En Corea del Sur hay una isla que funciona al revés.

En Jeju mandan ellas. Las Haenyeo. Mujeres que se meten al mar sin botella y vuelven con el sustento. Dueñas de su casa, de su economía y de su clan. Fuertes, sobre todo, cuando están juntas.
Las miraba sumergirse en parejas, aguantar el aire y subir soltando ese silbido agudo, el sumbisori. El sonido de volver a la vida.

Y pensaba en esa otra apnea, más silenciosa, que tenemos en occidente.

Si me preguntas por qué puse Corea en el mapa, no fue por Seúl, ni por los palacios, ni por el k-beauty, ni siquiera por el K-pop, -. Fue por ellas. Por las Haenyeo.

Llevaba años guardando una foto de una mujer mayor, con traje de neopreno negro, sentada en una roca de lava con una sonrisa sin dientes y un cubo lleno de abulones.

Quería verla en persona antes de que fuera demasiado tarde.

Haenyo significa mujeres del mar en coreano, son las buceadoras a pulmón de la isla de Jeju. Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Y no son una atracción. Son una civilización entera del mar que lleva más de 400 años existiendo.

1. Matriarcado

Los hombres dejaron de estar. Se habían ido a la guerra, emigraron o salían a faenar en alta mar. Y fueron ellas las que se echaron el mar a la espalda para sacar adelante a la familia. Así nacieron las haenyeo, que moldearon no solo el modo de vida de la isla, sino también su estructura social: en Jeju surgió una sociedad matriarcal única en Corea.

Corea es un país profundamente patriarcal y confuciano. Jeju es la excepción. En la comunidad Haenyeo, la economía la sostienen ellas. Son el 100% mujeres. Los hombres son los que se quedan en casa cuidando de los niños y de la casa, los que arreglan las redes y esperan con la sopa caliente.

Hasta el punto de que cuando se quedan embarazadas, rezan por tener niñas. Porque una niña es una futura buceadora, es la garantía de que la familia seguirá teniendo ingresos. Una niña es una bendición económica. Justo al revés que en el resto del país.

No son sirenas. Son campesinas del mar.

Esto es lo primero que entiendes cuando las ves.

No hacen buceo romántico. Hacen cosecha.

Exactamente como una agricultora conoce su tierra, ellas conocen el fondo marino. Y lo respetan igual. No recogen todo. Tienen vedas, tamaños mínimos, zonas de descanso. Si un erizo es demasiado pequeño, se deja. Si una zona ha sido muy explotada, no se toca en meses. La jefa del grupo decide dónde se bucea cada día leyendo la marea, el viento y el estado del mar, no lo que más dinero dé. Es agricultura submarina.

2. El Bulteok, los cantos y la jefa

Antes de entrar al agua se reúnen en el Bulteok. Es un refugio circular de piedra de lava, a pie de costa, abierto por un lado al fuego. Ahí se cambian, se calientan, se ríen, se pelean y se cuentan todo. Es su casa, su parlamento, su templo. Los hombres no entran.

Antes de la inmersión hacen rituales. Cantos – los Haenyeo Norae – para pedir al dios del mar, el Yongwang, seguridad y buena cosecha.

Y manda una. La estructura es muy jerárquica:

Sanggun: las mayores, las maestras. Las que más aguantan, más saben y más deciden. Tienen 70, 80 años y siguen bajando.

Junggun y Hagun: las medianas y las aprendices. Lo que dice una Sanggun no se discute. Ella decide dónde y cuándo se entra. Y todas la respetan.

3. Tewak, Sumbusori y Neoprenos

Un cuerpo entrenado durante toda una vida. Nadie se hace Haenyeo de un día para otro. El entrenamiento es gradual y empieza de muy pequeñas. Las niñas acompañan a sus madres al Bulteok con 8 o 9 años. Aprenden a nadar, a flotar, a mirar.

Con 15 empiezan a bajar a pocos metros. Poco a poco, año a año, el cuerpo aprende.

Llegan a aguantar hasta 3 minutos sin aire y bajan a 15 metros, incluso hasta 20 m de profundidad sin botella, solo a pulmón.

Cuando suben, hacen algo que no se olvida nunca si lo escuchas una vez: el Sumbisori. Es un silbido característico agudo y corto, casi un llanto, al expulsar el aire. Se produce de forma técnica al exhalar bruscamente el dióxido de carbono acumulado y aspirar oxígeno rápidamente.

Es el sonido del aire volviéndola a la vida. En toda la costa de Jeju oyes huiii… huiii… y sabes que una ha vuelto.

Las reconocerás desde lejos por otra cosa: por sus boyas. Cada Haenyeo flota con su Tewak.  Es una especie de boya redonda, antes era una calabaza hueca, ahora es de plástico naranja, rojo, amarillo. No es decoración. Es su vida. El Tewak va atado a la cintura con una cuerda y lleva colgando una red. Ahí van metiendo todo lo que recogen: abulones, erizos, pulpos. Les sirve de flotador para descansar entre inmersión e inmersión, de marca para que los barcos no las atropellen y de despensa flotante.

Cuando ves la costa de Jeju salpicada de puntitos naranjas meciéndose en el agua, no son boyas. Son ellas. Cada color es una mujer que está abajo, aguantando la respiración.

No siempre llevaron neopreno. Hasta los años 70 buceaban con una simple ropa de algodón blanco, el mulsojungi. Blanco para espantar a los tiburones y muy fino, casi desnudas en aguas a 10 grados. Aguantaban por pura técnica y por grasa corporal. Por eso ahora las ves con neopreno negro y dicen que son unas privilegiadas: por fin no pasan frío.

4. El Mar las esculpió

Estas buceadoras han demostrado que desafían los límites del cuerpo humano.

El mar ha moldeado también su ADN que ha revelado adaptaciones fisiológicas y genéticas únicas en esta comunidad.

Un equipo internacional de la Universidad de Utah publicó un primer estudio genético de las Haenyeo en 2025. Compararon a 30 Haenyeo, con 30 mujeres de Jeju que no bucean y 31 mujeres del continente. Todas con 65 años de media. No las metieron en el mar – les pidieron aguantar la respiración con la cara en agua helada. El resultado: el corazón de las Haenyeo cayó de media 18,8 latidos por minuto, frente a 12,6 de las demás. A una le vieron bajar más de 40 latidos en menos de 15 segundos.

Eso es puro entrenamiento, es el cuerpo que ha aprendido a ahorrar oxígeno. Pero hay algo más que no es entrenamiento: las mujeres de Jeju, buceen o no, tienen más de cuatro veces más probabilidades de portar una variante genética que mantiene la presión arterial baja durante la inmersión y otra ligada a la tolerancia al frío. Como si siglos de bucear embarazadas – porque no dejan de hacerlo nunca – hubieran moldeado el ADN de toda la isla para que no mueran en el intento.

El mar no solo las entrenó. Las esculpió.

En la década de 1960, las haenyeo de la isla de Jeju superaban las 30.000. Hoy quedan unas 3.000, la mayoría con más de 65 años. Cada vez hay menos jóvenes que quieran seguir porque es durísimo, frío y mal pagado. Cuando una Sanggun muere, se va una biblioteca entera del mar.

Fui a verlas a Hado y a Seongsan. A sentarme cerca del Bulteok, en silencio. Sin preguntar.

Si te invitan a su sopa de algas, acéptala. Y no les preguntes por qué lo hacen. Solo deléitate viéndolas regresar del mar.

Me quedé un rato más mirándolas volver, con el Tewak naranja a rastras e hipnotizada al oír ese huiii… corto al sacar la cabeza.


Y allí por fin pude soltarlo.

Esa fue mi razón para ir a Corea. Y valió cada una de las 18 horas de vuelo.

¿Cuándo fue la última vez que tú hiciste tu sumbisori?

2 respuestas

  1. ¡Qué texto tan precioso y lleno de fuerza! Logras transmitir toda la magia y el respeto que imponen las Haenyeo en poquísimas palabras. El detalle del «silbido que es puro volver a la vida» me ha puesto la piel de gallina. Gracias por visibilizar a estas mujeres tan extraordinarias y su inmenso legado. ¡Deseando leer más! 🧡

    1. ¡Muchísimas gracias por tus palabras guapisima! Me hace muy feliz que te haya llegado así, porque ese silbido – el sumbisori – es justo lo que me dejó sin palabras allí. Es vida pura. Gracias a ti por leerme con tanto cariño 🧡 ¡Habrá más….pronto!

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