Tuk Tuk: El Uber espiritual de Asia

Tres ruedas bastan para enamorarte del caos asiático
Tres ruedas bastan para enamorarte del caos asiático

Índice

  1. 3 ruedas, 1000 bocinazos, 0 reglas
  2. Todo un negocio
  3. La ley de la selva, versión asfalto
  4. El tuneo
  5. La Super woman del Tuk Tuk

1. 3 ruedas, 1000 bocinazos, 0 reglas

Caí rendida ante este medio de transporte nada más verlo.

Me contaba un tuktukero de Delhi que este artefacto diabólico nació como Rickshaw en Japón, un sencillo carro de 2 ruedas tirado por una persona y que inicialmente servía para transportar gente, generalmente adinerada. Se fue modificando poco a poco, dando paso a bicicletas que se acoplaban al carro y se acabó motorizando sobre los años 50. Tailandia lo tuneó y le cambió el nombre por el de Tuk tuk, inspirándose en el sonido repetitivo que emite el motor al ralentí. De ahí pasó a conquistar toda Asia.

Recibe otros apelativos como Autorickshaw en India, Triciclo en Filipinas, Trishaw en Sri Lanka o Bajaj en Indonesia, aunque Tuk Tuk es posiblemente el más comúnmente aceptado en la mayoría de los países asiáticos

2. Todo un negocio

Esta última versión motorizada ofrece una amplia gama de posibilidades que, como me decía mi chofer particular durante mi estancia en Tailandia, resulta un negocio bastante asequible y rentable. Puedes invertir relativamente poco dinero en una moto si te haces con una de segunda mano, y con un poco de ingenio, además lo transformas en aquello a lo que te quieras dedicar. Los hay en versión taxi, autobús escolar, ambulancia, tienda rodante, restaurante… hasta donde tu imaginación alcance. Todo un símbolo de libertad, indomable y por momentos temerario.

3. La ley de la selva, versión asfalto

Reconozco que tengo un gusto particular por todo aquello que te permite transgredir ciertas reglas, de esas que te puedes saltar sin mucha culpa y sin ponerte en peligro… y este artilugio te lo pone en bandeja. Tiene el tamaño justo para escabullirse de los atascos, se aparca en cualquier hueco o cuneta y te lleva hasta los confines de tus sueños.

Con este tipo de vehículos hay que hablar siempre de la seguridad y, por ende, de las carreteras por las que circula. En las carreteras comunes y transitadas, existe un orden jerárquico indiscutible: autobuses y camiones en la cúspide de la pirámide; camionetas, furgonetas, coches, motos, tuk-tuks, carromatos, peatones, animales y demás seres, por ese orden, en la base de la pirámide. Así que, como ves, suele encontrarse en una de las peores opciones de la escala. Conducirlo cerca del arcén es posiblemente la opción más segura. La única regla a tener en cuenta es la de hacerte presente a base de bocinazos. Y hasta las bocinas tienen su propia voz: desde el simple pitido estándar hasta los simpáticos sonidos típicos de las ferias de autos de choque. A veces incluso emiten acordes de las películas asiáticas más taquilleras.

Los conductores más atrevidos, por no decir suicidas, los encontré en Tailandia e India, donde alguna vez, por la velocidad que llevaban y la curva cerrada por la que derrapaban, juraría que por momentos nos quedábamos suspendidas exclusivamente por 2 de sus ruedas laterales.

4. El tuneo

La decoración de los tuk tuks merece todo un apartado aparte. El cariño y devoción con la que cada propietario tunea sus vehículos rozan, la mayor parte del tiempo, el gusto más kitsch que pueda existir, y que te muestran orgullosamente:

– Interiores forrados con colores estridentes tipo fucsia o verde loro

– Chillonas luces LED que pueden llevar a más de uno a la epilepsia fotosensible

– Altavoces de discoteca que superan indiscutiblemente los decibelios permitidos

– Altares con budas o dioses bailones empotrados sobre la guantera a falta de hawaianas

– Posters gigantes plastificados de galanes de Bollywood

De entre todos los países, Malasia se lleva el premio a lo innombrable. Los decoran con docenas de muñecos de Pokémon, Minions, Hello Kitty o Doraemon, rodeados de puntillas, tules y brilli brilli, acompañado todo ese panorama de música ensordecedora. Uno de los más “logrados” lo vimos en India y habían conseguido darle la forma de elefante, quizás tratando de encarnar al mismísimo Dios Ganesha, el simpático Dios con cabeza de elefante, general de las huestes celestiales y encargado de quitar los obstáculos. Por eso de pretender llevar un seguro incorporado

5. La super woman del Tuk Tuk

En Sri Lanka por fin me armé de valor y decidí alquilar uno para recorrer la isla. Me dieron el prototipo más normalito. Una moto tipo Vespa totalmente cubierta; con 3 ruedas que le proporciona estabilidad, discretos chubasqueros enrollados en los laterales que precintan el tuk tuk en caso de lluvia, y en la parte posterior queda un muy útil y pequeño espacio que se puede usar para acomodar las maletas, y que da la posibilidad de atarlas con bridas a los hierros de la carcasa. Los últimos modelos que vimos, ¡llevaban hasta una práctica baca en el techo!

A pesar de solo poder desplazarse a 40 o 60 km/h, te proporciona una libertad absoluta, se mete por todos lados y no consume apenas gasolina. Solo has de tener en cuenta llevar una botellita de gasolina de reserva para los tramos donde hay mucha subida. ¡Todo ventajas!

El tuktukero que nos lo alquiló firmaba el contrato a regañadientes y constantemente me preguntaba por mi marido.

– No husband, le contestaba con una sonrisa socarrona.

– Only me, superwoman, le respondía guiñándole un ojo.

Nos dio una pequeña lección práctica de unos 15 minutos por las callejuelas cercanas a su casa. Tardé unos 50 km en acostumbrarme a las marchas y un par de días para los giros. Lo de la marcha atrás ya fue otro cantar, y me llevó una semana, pero lo puedes hacer empujándolo manualmente o simplemente esperar a que la mayoría de los curiosos que se acercan a fisgonear acaben por ayudar, entre divertidos y sorprendidos. Una buena estrategia para hacer amigos.

Un par de veces le dimos uso local, de Uber improvisado, parando y transportando a un par de ancianitas que nos hacían señales de detenernos y sin entender muy bien cómo ni dónde, las acercamos a sus destinos que nos iban de paso. Al bajar nos querían pagar. Deben tener algún precio estipulado por km, pero sólo les aceptamos sus atónitas miradas como pago.

Aún recuerdo la gran sonrisa de la mujer del tuktukero al devolverle los 2 tuk tuks después de 1.800 km sin un solo rasguño y con una expedición formada exclusivamente por mujeres. Me levantaba el dedo pulgar con un OK tímido y una mirada cómplice de orgullo.

– Aquí las mujeres no conducimos tuk tuks –nos aclaraba.

Con mi pulgar en alto le respondí:

– Aquí ya sí.

Y así, entre bocinazos y sonrisas, descubrí que tres ruedas bastan para conquistar un reto… y unos cuantos prejuicios.

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